Programa calendario

I México prehispánico

1. La cultura madre: olmecas

2. Mayas

3. Zapotecas

 

4. El mito de Quetzalcoatl

5. La conquista y la Malinche

6. La herencia del mundo prehispánico

7. La conquista armada: el trauma

II México colonial

8. La conquista espiritual: la reconciliación aparente

9. La virgen de Guadalupe

10. Clases sociales en la Nueva España: las castas

11. La llorona y la Matlacihua, mujeres de leyenda

 

12. Brujos e inquisidores

13. Reformas Borbónicas

14. El indio pata rajada y otros pretextos de la Independencia

15. Los padres de la patria y la madre de los mexicanos

III México independiente

16. La nueva patria y sus conflictos

17. Segundo Imperio

18. Benito Juárez y la separación iglesia-estado

IV México revolucionario y postrevolucionario

19. Don Porfirio y la aristocracia mexicana

20. El caudillo y el charro

21. La Adelita y la figura femenina

22. Los hijos de la Revolución

 

23. El nuevo pobre de las grandes ciudades

24. El Migrante: ni de aquí ni de allá

25. El 68

26. Estabilidad y crisis

V México contemporáneo

27 Chiapas y la transición

28. El jefe de jefes.

29. La guerra contra el narco. Exposición.

30. Exposición y conclusiones

Historia mínima de México

Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México

Deja un comentario

Archivado bajo Programa

La conquista espiritual: la reconciliación aparente

Coatlicue transformada, de Saturnino Herrán. Boceto para el tablero central de “Nuestros Dioses”, 1918.

Los primeros 12 Franciscanos llegaron en 1524. Siguieron los Dominicos y los Jesuitas en 1526, y los Agustinos en 1536.

Algunos personajes importantes de cada orden religiosa:

Franciscanos:

Juan de Zumárraga, primer obispo de México en 1528. Fundador de la Real y Pontificia Universidad de México, actualmente Universidad Nacional Autónoma de México. Según Wade Davis, responsable de quemar miles de textos religiosos que señalaban el uso ritual del peyote y otras plantas de uso sagrado y medicinal. Principal testigo de la aparación de la Virgen de Guadalupe.

Dominicos:

Fray Bartolomé de las Casas, considerado uno de los fundadores del derecho internacional moderno, (junto a Francisco de Vitoria) y protector de los indios y precursor de los derechos humanos junto al jesuita portugués António Vieira. Se preocupó por el problema alrededor del cual emergió el “derecho de gentes” en la época moderna: la definición de las relaciones entre los imperios europeos y los pueblos del llamado “Nuevo Mundo”. Escribió Brevísima relación de la destrucción de las Indias, obra que ayudó a difundir la “leyenda negra española”.

San Juan de los Lagos

“Dos veces por año, el 2 de febrero y el 15 de agosto, se agita la callada mansedumbre de la ciudad conventual en el tumulto de las romerías. De las más distantes regiones afluyen por millares los peregrinos que en sus tribulaciones lejanas han ofrecido una manda a la “Sanjuanita” para su remedio. En los caminos queda la sangre de los que llegan descalzos a rendir su tributo. (…) En la indescriptible marejada humana, la cera gotea en las ropas y carne, y el sudor perlea sobre las frentes convulsas. Nadie se marcha sin dejar su limosna. De inmundos paliacates exuda la plata y llueve sobre los recaudadores. Difícil imaginar cualquier mercado de valores donde la pasión por el oro produzca un semejante remolino humano como aquí la pasión de dejarlo.

Afuera el atrio ofrece igual multitud al reclamo de los danzantes. Envueltos en el rumor de oraciones que salen del templo a largas bocanadas y en el oro vespertino desarrollan su ondulante teoría en cadencias y arabescos lánguidos, cansados, monótonos, al son de las chirimías, sonajas y tamboriles. El conjunto da una impresión mágica, hirática, de misterio y desrealización, por las máscaras barbadas de ixtle que inmovilizan el gesto, y el abigarrado y coruscante indumento de plumas vivísimas, espejos, lentejuelas y sartales de cuentas de colores. Trasladada la danza mexicana del sanguinario ídolo al santuario cristiano, conserva todavía un remedio de lucha; de pronto los bailarines destejen sus guirnaldas y simulan agresiones, chocan venablos y refulgen lanzas.”

Jean Meyer, “La experiencia religiosa”. Nexos, marzo 2010. Texto completo.

Deja un comentario

Archivado bajo 2 México colonial

La conquista armada: el trauma

Imperio mexica

La Triple Alianza (Texcoco, Tenochtitlan y  Tlacopan). Códice Osuna, 1565

La culpa es de los tlaxcaltecas, un cuento de Elena Garro.

La culpa es de los tlaxcaltecas, versión PDF.

Deja un comentario

Archivado bajo 2 México colonial

Zapotecas

“Los zapotecos constituyen el tercer grupo indígena más numeroso del país, después de los nahuas y los mayas, con un total de 341 583 individuos, que habitan tres grandes zonas del estado de Oaxaca, a saber: la sierra norte del estado, también llamada sierra de Juárez; el valle de Oaxaca; y el istmo de Tehuantepec. Puesto que la etnia ocupa un territorio de tal extensión, no constituye un grupo indígena culturalmente homogéneo. Aunque todos hablan la lengua zapoteca, del grupo lingüístico Savizaa, a su vez inscrito en el grupo Otomangue, existen cuatro variantes dialectales: la del istmo, hablada en los distritos de Juchitán y Tehuantepec; la del valle, empleada en los distritos de Tlacolula, Centro, Zaachila, Ocotlán, Ejutla y Etla; el zapoteco del sur, hablado en los distritos de Sola de Vega, Miahuatlán, y parte de Yautepec; y el de la sierra norte, común en los distritos de Ixtlán, Villa Alta y porciones de Choapan y Tuxtepec.

El término zapoteco proviene del vocablo náhuatl iztapotecatl, que significa “pueblo del zapote”, denominación que impusieron los conquistadores mexicas a los pueblos del valle de Oaxaca. Sin embargo, los actuales zapotecos se llaman a sí mismos ben ‘zaa, o “gentes de las nubes”. Huelga decir que tal gentilicio cambia con las distintos variaciones lingüísticas: los pobladores de la sierra se autonombran bene xon, y los del istmo binniza.”

Texto extraído de Biblioteca digital de la medicina tradicional mexicana.

La senda de los antiguos, un viaje de Oaxaca hasta la Ciudad de México.

Un viaje por una feria freak, en el estado de Yucatán.

El embajador zapoteca, una descripción contemporánea.

Deja un comentario

Archivado bajo 1 México prehispánico

Los mayas

“He aquí el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo tranquilo, todo inmóvil, todo
apacible, todo silencioso, todo vacío, en el cielo, en la tierra. He aquí la primera historia, la
primera descripción.

No había un solo hombre, un solo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna,
barranca, hierba, selva. Sólo el cielo existía. La faz de la tierra no aparecía; sólo existían la mar
limitada, todo el espacio del cielo. No había nada reunido, junto. Todo era invisible, todo estaba
inmóvil en el cielo.

No existía nada edificado. Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola,
limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche. Sólo
los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Procreadores,
los Engendradores, estaban sobre el agua, luz esparcida. [Sus símbolos] estaban envueltos en
las plumas, las verdes; sus nombres [gráficos] eran, pues, Serpientes Emplumadas. Son
grandes Sabios. Así es el cielo, [así] son también los Espíritus del Cielo; tales son, cuéntase, los
nombres de los dioses.

Entonces vino la Palabra; vino aquí de los Dominadores, de los Poderosos del Cielo, en
las tinieblas, en la noche: fue dicha por los Dominadores, los Poderosos del Cielo; hablaron:
entonces celebraron consejo, entonces pensaron, se comprendieron, unieron sus palabras, sus
sabidurías. Entonces se mostraron, meditaron, en el momento del alba; decidieron [construir] al
hombre, mientras celebraban consejo sobre la producción, la existencia, de los árboles, de los
bejucos, la producción de la vida, de la existencia, en las tinieblas, en la noche, por los Espíritus
del Cielo llamados Maestros Gigantes.”

Popol Vuh

Siglo XVI

El Popol Vuh es el libro sagrado maya y es una recopilación de varias leyendas de los k’iche’, pueblo de la cultura maya en Guatemala.  Es una narración que trata de explicar el origen del mundo, la civilización y los diversos fenómenos que ocurren en la naturaleza. El libro “original” fue escrito en k’iche’, utilizando caracteres del alfabeto latino.

Manuscrito original y transcripción española de la Universidad de Ohio.

Deja un comentario

Archivado bajo 1 México prehispánico

La cultura madre

Mesoamérica fue un término surgido hacia 1943, por Paul Kirchhoff.

Las pequeñas aldeas mesoamericanas irán creciendo hasta convertirse en grandes ciudades. La civilización originaria mesoamericana no tuvo precedentes. Entre los actuales límites de Veracruz y Tabasco se originará hacia el año 2000 a.C. la civilización Olmeca.

Las ciudades de las principales civilizaciones se originarán en diferentes medios: Monte Albán, en una meseta; Palenque, en la selva; El Tajín, en la selva húmeda junto a la costa del Golfo de México; Teotihuacan, en el altiplano o Tenochtitlan, en un medio lacustre. De ahí que cada civilización se desarrolle a partir de problemas específicos.

En Mesoamérica no hubo rueda, animales domesticados ni manejo de metales como bronce y hierro. Hay una ruptura de paradigma unilineal de civilización: habrá evolución multilineal. 

Hay una continuidad de pensamiento entre las culturas mesoamericanas. Los retratos de los gobernantes, por ejemplo, de las estelas mayas o los códices mexicas tiene su antecedente en las cabezas colosales olmecas. La pintura mural también fue importante para la mayoría de las civilizaciones mesoamericanas.

Algunas características básicas de las civilizaciones de Mesoamérica son la domesticación de las plantas, el concepto de dualidad, el concepto cíclico del tiempo y el mito de los hombres dioses.

Entre la cultura Olmeca y la cultura Mexica (Azteca) hay 3000 años.

“Se puede afirmar que en el momento de la Conquista formaba parte de Mesoamérica, una serie de tribus que podemos agrupar en las cinco divisiones siguientes:

1. Tribus que hablan idiomas hasta ahora no clasificados, como tarascos, cuitlateca, lenca, etc.

2. Todas las tribus de las familias lingüísticas maya, zoque y totonaca. Según ciertos investigadores, los idiomas de estas tres familias, a los que probablemente hay que agregar el huave, forman un grupo que podríamos llamar zoque-maya o macro-mayance.

3. Todas las tribus, menos dos, de las familias otomí, chochopoloca y mixteca que parecen formar, junto con la familia chorotega-mangue, un grupo llamado otomangue; y todas las tribus de las familias trique, zapoteca y chinanteca que otros consideran emparentadas con el grupo anterior, formando un gran grupo llamado macro-otomangue.

4. Todas las tribus de la familia nahua y una serie de otras tribus de filiación yuto-azteca, entre ellas los cora y huichol, cuya agrupación en familias todavía no es definitiva.

5. Todas las tribus de las familias tlappaneca-subtiaba y tequisisteca que pertenecen al grupo hokano de Sapir.”

Deja un comentario

Archivado bajo 1 México prehispánico

La Adelita y la figura femenina

“Y si Adelita quisiera ser mi novia
y si Adelita fuera mi mujer
le compraría un vestido de seda
para llevarla a bailar al cuartel.
Y si Adelita se fuera con otro
la seguiría por tierra y por mar
si por mar en un buque de guerra
si por tierra en un tren militar”

Pensar en las mujeres en la Revolución mexicana suele remitirnos, casi por acto reflejo, a aquellas clásicas imágenes femeninas de largas trenzas, que, enfundadas en su rebozo, caminaban al lado de la tropa, a la orilla de las vías del tren o, quizá las más afortunadas, dentro de uno de esos carros de ferrocarril que se convirtieron en casas rodantes; pensamos también en esa idea generalizada de que se unieron a la “Bola” por seguir a algún hombre, por estar con él. Sí, sin duda muchas de esas llamadas “adelitas” estuvieron ahí por esas razones y cumplieron ese rol.

Esas mujeres se convirtieron en referente obligado de aquella lucha armada: solidarias, valientes, entregadas, dispuestas a todo para defender lo suyo: sus pocas pertenencias, la comida que conseguían por ahí, sus hijos, su hombre. Pero más allá de la visión romántica de estas féminas, es importante tener una imagen apegada a la realidad y saber que aquellas no fueron las únicas, sino que hubo otras, muchas más, de diferente origen, con diferentes características y con otras aptitudes, pero igual de comprometidas y convencidas de la lucha, también guerreras.


Mujeres en la Ciudad de México, ca. 1910.
Imagen tomada del libro: Las mujeres en la Revolución Mexicana, 1884-1920, México, Honorable Cámara de Diputados, LV Legislatura, SEGOB, INEHRM, 1992, p. 94.


En la trinchera, ca. 1914.
Imagen tomada del libro: Las mujeres en la Revolución Mexicana, 1884-1920, México, Honorable Cámara de Diputados, LV Legislatura, SEGOB, INEHRM, 1992, p. 68.


Maderistas, 1911.
Imagen tomada del libro: Las mujeres en la Revolución Mexicana, 1884-1920, México, Honorable Cámara de Diputados, LV Legislatura, SEGOB, INEHRM, 1992, p. 58.


Las rieleras, ca. 1915.
Imagen tomada del libro: Las mujeres en la Revolución Mexicana, 1884-1920, México, Honorable Cámara de Diputados, LV Legislatura, SEGOB, INEHRM, 1992, p. 93


Niña soldadera, 1911.
Imagen tomada del libro: Las mujeres en la Revolución Mexicana, 1884-1920, México, Honorable Cámara de Diputados, LV Legislatura, SEGOB, INEHRM, 1992, p. 69.

“La invención de la Adelita


La maestra rural (detalle), Diego Rivera
Tomado de: La pintura mural de la Revolución mexicana, México, Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, 1989, p. 94.


Diego Rivera, El arsenal, fresco, 1928, muro sur, Patio de las Fiestas, Edificio de la SEP, Ciudad de México.
Imagen tomada del libro: Desmond Rochfort, Pintura mural mexicana, Orozco, Rivera, Siqueiros, México, Limusa, 1993, p. 67.


Diego Rivera, La liberación del peón, fresco, 1923, muro sur, Patio del Trabajo. Edificio de la SEP, Ciudad de México.


José Clemente Orozco: La destrucción del viejo orden, fresco, 1926. Escuela Nacional Preparatoria, UNAM.


José Clemente Orozco: La destrucción del viejo orden, fresco, 1926. Escuela Nacional Preparatoria, UNAM.

Deja un comentario

Archivado bajo 4 México revolucionario